ARTÍCULOS DE OPINIÓN

febrero 17, 2010

El trabajo de quién escribe, o intenta escribir con algo de legitimidad y orgullo, representa una tarea un tanto ingrata y solitaria. Paradójicamente muy pocos nos leen, con todo y que logramos que se nos publique en la prensa escrita mediante la buena pro de algunos amigos. De igual forma representa un “trabajo de la voluntad”, ya que no es tarea nada fácil opinar todas las semanas. ¿Entonces porque lo hacemos? Apartando la vanidad de ver nuestro nombre grabado al final de un trabajo, pretexto esencial en la escritura de la mayoría, lo que nos motiva es una especie de responsabilidad como intelectual. Fijar posición ante “nuestra historia”, no mostrar indiferencia a lo que nos rodea, y contribuir, muy modestamente, al esclarecimiento u orientación sobre aquellos temas por los que nos hemos atrevido a opinar. Una opinión no debe confundirse con un prejuicio, y lejos de nosotros la pretensión de ser dueños de alguna verdad. Además, y creo que es lo mas importante, escribo porqué en el fondo disfruto haciéndolo.

Angel Rafael Lombardi Boscán
17 de febrero del 2010
Maracaibo

HISTORIA Y VERDAD

marzo 3, 2017

HISTORIA Y VERDAD

 

 

La historia es la mentira encuadernada. Como casi todas las disciplinas que forman parte de las llamadas “Ciencias Sociales”; muy entre ellas, la pretenciosa economía y sus cálculos probabilísticos, lógicos y matemáticos para detectar curvas de prosperidad y crisis. Alguna que otra vez, de tanto cruzar sus pronósticos, en suma atrevidos y aleatorios, logran algún tipo de acierto. Carlos Marx (1818-1883), un gran economista, que duda cabe, pronosticó el triunfo de la Revolución Socialista en la Alemania industrial de su tiempo: y se equivocó. Fue en la Rusia feudal, campesina, rural, pobre y despótica de los zares donde inesperadamente ocurrió, en el año 1917, y bajo derroteros contrarios a la utopía social que se aspiraba construir.

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La “Nueva Clase” (1957) (Milovan Djilas, 1911-1995) sustituyó el socialismo por la “dictadura del proletariado” para eternizar a una nueva oligarquía o “élite burocrática” sólo que con pelaje, simbología y discurso “popular” revanchista. El experimento de la URSS fue trágico mientras los países capitalistas más avanzados hicieron concesiones “tácticas” al ideario socialista desde la aparición de los sindicatos hasta alcanzar sistemas públicos de protección social. En el caso de la América Latina los capitalismos y socialismos que han sido probados son embriones deformados cuyo daño generacional, en términos humanos, la historia oficial escamotea sin apenas ruborizarse por ello. Durante la Guerra Fría (1945-1991) ambos “sistemas” mintieron e hicieron alardes propagandísticos desmesurados como los estadounidenses y su triunfo al llegar a la luna o los soviéticos con el deporte. Hoy, existe una “teoría conspirativa” que considera un ardid el alunizaje, mientras que ya no existen dudas acerca del dopaje masivo de los súper atletas del Este.

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La historia termina siendo propaganda y sus escolares los principales adoctrinados. ¿Qué hacer ante tanta falsedad, manipulación e impostura? Entender que la historia y las disciplinas hermanas que le acompañan son manifestaciones artísticas, literarias e intuitivas cuyo grado de cientificidad variará de acuerdo a las formalidades y convenciones académicas a la moda del momento. Las ciencias sociales son ciencias humanas cuyas premisas esenciales son la duda, la imperfección y el error. “No hay ejercicio intelectual que no sea finalmente inútil”. (Jorge Luis Borges, 1899-1986)

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La “verdad” es Dios para un creyente, mientras que para el científico social es la duda metódica persistente; unos resultados consensuados en permanente revisión. El objetivo de la ciencia no es la verdad; en cambio sí el conocimiento, eso sí, siempre precario alrededor del misterio de la existencia. Historiar es analizar y comprender libre de prejuicios; y como dice Borges: “La verdad histórica no es lo que sucedió; es lo que juzgamos que sucedió”. Tamaña vanidad esa la de erigirnos en jueces omnipotentes sobre unos recuerdos arrebatados al inclemente olvido.

 

Distinguir el mito de lo histórico es uno de los más grandes desafíos para quienes nos aventuramos a conjeturar sobre el pasado aspirando a un mínimo de credibilidad; y aún así: fallamos reiteradamente porque la mentira es superior a la verdad.

 

DR. ANGEL RAFAEL LOMBARDI BOSCAN

DIRECTOR DEL CENTRO DE ESTUDIOS HISTÓRICOS DE LUZ

@LOMBARDIBOSCAN

¿DIALOGO?

octubre 31, 2016

¿DIALOGO?

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El dialogo en la política solo es posible en sociedades con una larga y solida tradición institucional que no es el caso de Venezuela. Y esto ya no es un asunto de cronología corta o larga, sino de una idiosincrasia nacida de una antropología muy peculiar cuyas rutinas atentan contra el éxito social y el buen desempeño de nuestros políticos.

 

El dialogo entre políticos implica dos cosas fundamentales: el mutuo reconocimiento y el acuerdo desde las diferencias para poder cohabitar. La Ley, la Constitución, su respeto consensuado, es el instrumento, el pacto de país, que dirime toda controversia en torno a percepciones parciales e intentos de imponer por la fuerza el particular interés. Solo que el embrujo del poder, y sobretodo, los privilegios que genera a sus detentadores, que en el caso venezolano, implican delito y corrupción para una inmensa mayoría, hacen de nuestra política terreno fértil para una confrontación despiadada donde se anula y destruye sin miramientos a los rivales. Nuestra política es muy primitiva porque la violencia ejerce supremacía sobre los argumentos y las razones.

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En la Independencia, preámbulo del pacto republicano, dialogo como tal nunca existió. Ya al final de la guerra, en 1820, se propone un armisticio alentado por los liberales en España, que Bolívar correspondió, para obtener las ventajas determinantes que le hacían falta para concretar la victoria final. En el siglo XIX, “el dialogo” entre políticos se producía cuando el caudillo victorioso fusilaba o desterraba al rival de turno. Nuestros Páez, Soublette, Monagas, Falcón, Guzmán Blanco, Crespo y demás lo confirman. En el siglo XX existió una relativa mejoría. Aunque Juan Vicente Gómez y Marcos Pérez Jiménez hayan preferido el arrebato de la fuerza o otros mas benignos modales. Adecos y copeyanos alentaron una cohabitación interesante aunque excluyente hacia el espectro de la izquierda. En cambio, con los bolivarianos surgidos de los violentos golpes de estado en 1992, el dialogo como tal volvió a retroceder. Entre sus adeptos se desarrolló el síndrome de una autosuficiencia sostenida por una arrogancia atizada por el resentimiento social y la aspiración totalitaria, ya hoy, sin disimulos.

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Hoy, en una fase decadente y hasta terminal, ese mismo bolivarianismo, que deroga leyes y poderes, hasta suprimir la voluntad popular que se expresa en elecciones, pide dialogar. El problema de éste dialogo es la ausencia de credibilidad de quienes lo proponen, es más, la sociedad lo percibe como un ardid para ganar tiempo.

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Dialogar implica también ceder y negociar basado en un acto de realismo político. Y hoy el dialogo sólo puede producirse, si previamente, sólo así, hay una reversión a todos los actos arbitrarios que el oficialismo ha cometido en los últimos años, ya que han hecho de la Constitución “un traje a la medida de sus designios despóticos” imitando a los nefastos caudillos como los hermanos Monagas en el siglo XIX.

 

 

Dr. Angel Rafael Lombardi Boscán

Director del Centro de Estudios Históricos de LUZ

@LOMBARDIBOSCAN

 

 

 

 

 

EL ROSTRO DEL MAL

noviembre 23, 2015

EL ROSTRO DEL MAL

 

 

Cuando se acercaba el fin del siglo XX Francis Fukuyama (1952) se adelantó con una tesis pseudo científica de corte neo hegeliano sobre el “fin de la historia y el último hombre” (1992) proclamando el triunfo del capitalismo sobre el socialismo liderado por la Unión Soviética. Los hechos parecieron darle la razón. Aunque su optimismo sobre la desaparición de los conflictos fundamentales quedo hecho trizas con la reaparición de guerras  seculares y milenarias como la de la antigua Yugoeslavia o la árabe-israelí. Los atentados del 11 de septiembre del 2001 desacreditaron sin el menor atisbo de duda las profecías de Fukuyama.

 

En cambio, en la acera de enfrente apareció un libro menos estridente pero más sereno y plausible bajo la autoría de un académico de larga carrera y con el prestigio de dar clases en la mítica Universidad de Harvard. Nos estamos refiriendo al politólogo estadounidense Samuel P. Huntington (1927-2008) cuyo libro: “Choque de Civilizaciones” (1996) planteaba no sólo la continuidad y profundización de los conflictos entre civilizaciones sino que son la cultura y la religión su principal causa de fondo. Hoy, luego del atroz atentado en París, Francia, por parte de los terroristas del ISIS, las ideas de Huntington merecen ser revisadas porque la realidad histórica las ha confirmado.

 

“Mi hipótesis es que la fuente fundamental de conflicto en este nuevo mundo no será en principio ideológica o económica. Las grandes divisiones entre la humanidad y la fuente de conflicto dominante serán culturales. Los estados nación seguirán siendo los actores más poderosos para los asuntos exteriores, pero los principales conflictos de política global ocurrirán entre naciones y grupos pertenecientes a diferentes civilizaciones. El choque de civilizaciones dominará la política global. Las líneas de falla entre las civilizaciones serán las líneas de batalla del futuro. “(Huntington)

 

“El rostro del mal. Los dos asaltantes que atacaron el Carrillon recorrieron la calle que separa este bar del restaurante Petit Cambodge, en la zona del canal de Saint Martin. Disparando contra todos los que encontraron a su paso, acribillaron a la gente que estaba en la terraza y en las primeras filas del interior de los locales. Murieron 14 personas. Marie Lours, una vecina que presenció aquel ataque desde la distancia y que se acercó al día siguiente a la sala Bataclan con un ramo de flores, lo recordaba así: “Nunca más podré quitármelo de la cabeza. Es el rostro del mal. Es el horror absoluto”. (El País de España)

 

La ultraderecha francesa utilizará éste atentado para seguir alimentando la xenofobia contra el inmigrante extranjero, sobretodo, el árabe. Occidente, remarcará su prepotencia militar sobre Siria como bastión del ISIS. La estupidez humana basada en los recelos, odios y venganzas seguirá alimentando ésta historia como infamia (Borges). El miedo sobre la esperanza y el optimismo vuelve a enseñorearse sobre el mundo. Las civilizaciones lloran.

 

 ANGEL RAFAEL LOMBARDI BOSCAN

DIRECTOR DEL CENTRO DE ESTUDIOS HISTORICOS DE LUZ

@LOMBARDIBOSCAN

 

EL ISLAM VS OCCIDENTE

noviembre 23, 2015

EL ISLAM VS OCCIDENTE

 

 

París pasó de ser una fiesta (Ernest Hemingway) a un cementerio lúgubre con la Torre Eiffel sin destellos y unos sobrevivientes que solo mascullan el miedo. 50% de las reservaciones turísticas en los hoteles parisinos ya fueron canceladas. Y es que el enemigo es invisible porque se mimetiza entre todos los ciudadanos de París, Londres, Roma, Berlín, Madrid, Moscú y Washington. Y nadie sabe, ni siquiera las muy eficaces policías, cuando volverá atacar sobre civiles desarmados e inermes. “La seguridad está por encima de la estabilidad” dicen hoy los lideres franceses heridos en su orgullo propio, y al igual que hizo Bush luego del atentado de las Torres Gemelas (2001), se saldrá a combatir molinos de vientos. La policía y ejércitos atentarán contra las libertades fundamentales de la ciudadanía. Se redoblarán las escuchas telefónicas y el Internet será más intervenido aún. Los aeropuertos se convertirán en zonas de guerra y en nombre de la paz levantaremos monumentos funerarios.

 

14 siglos bajo el desencuentro y la animadversión mutua. Siglo VII y VIII el Islam nace y se expande de una forma vertiginosa por el norte de África, la península Ibérica, Oriente Próximo y Oriente Medio, Persia y norte de la India. El cristianismo quedó aislado por el Sur ante un “Mediterráneo Musulmán” (Henri Pirenne), prácticamente inaccesible. Solos los genoveses y venecianos en tratos con el “infiel” procuran sortear esa alcabala. Romper el cerco significó la empresa de las Cruzadas a partir del siglo XI. Saladino y otros jefes musulmanes derrotaron inapelablemente a las huestes papales. Los turcos otomanos, musulmanes también, vencieron a Bizancio y sometieron a los Balcanes así como todo el Norte de África. Constantinopla cae en el año 1453 y Viena es asediada en 1529. Europa es una zona periférica del Oriente. Mientras Europa vive de las pestes y hambrunas en la Edad Media la ciencia, los sistemas de riego y la arquitectura florecen en el mundo islámico. Bastaría visitar hoy Córdoba y Estambul para rendirnos a la magnificencia del legado islámico en su mayor apogeo.

 

1492 no sólo es el “descubrimiento” de América sino la expulsión de los moros en Granada. Occidente contraataca, el Islam, se repliega. La modernidad, el renacimiento, la ilustración, la revolución científica y el capitalismo permiten del despegue de Europa y la hacen colonialista e imperialista desde el siglo XV hasta la actualidad. El Islam cede y se amuga. El estancamiento y la decadencia histórica de la cultura y religión musulmana incuban su resentimiento militante alimentado por las afrentas occidentales y la incapacidad del Islam en repelerlas, hasta descubrir las técnicas eficaces del terrorismo bajo el liderazgo de los sectores más extremistas y fanáticos.

 

“El problema subyacente para Occidente no es el fundamentalismo islámico. Es el islam, una civilización diferente cuya gente está convencida de la superioridad de su cultura y está obsesionada con la inferioridad de su poder. El problema para el islam no es la CIA o el Ministerio de Defensa de los E.E.U.U. Es Occidente, una civilización diferente cuya gente está convencida de la universalidad de su cultura y cree que su poder superior, aunque en decadencia, les impone la obligación de extender esta cultura por todo el mundo. Estos son los ingredientes básicos que alimentan el conflicto entre el Islam y Occidente”. pág. 259-260 (Samuel Huntington en “El Choque de Civilizaciones, 1996).

 

 

ANGEL RAFAEL LOMBARDI BOSCAN

@lombardiboscan

 

 

 

 

 

DE PROFECIA

noviembre 9, 2015

DE PROFECIAS

 

 

Los escenarios del futuro nadie los puede adivinar. Tenemos al optimista que vislumbra un cambio para mejorar la situación del país, primero electoral y luego paulatinamente de carácter institucional con el rescate de entes claves como la Asamblea Nacional, el Poder Moral, el Poder Electoral y sobretodo el Tribunal Supremo de Justicia. Lo del Ejecutivo tendrá que reinventarse también a su debido momento. La economía y su inflación desbocada de igual manera tendrán que empezar a curarse. Ese panorama alentador es el que la inmensa mayoría de los venezolanos queremos. En un plano más terrenal el ciudadano común ya no quiere hacer más colas humillantes y anhela volver a recuperar el poder adquisitivo de su moneda nacional, y algo vital, aspira a volver a vivir sin miedo por el tema de la inseguridad. Mucho hay que hacer para revertir la destrucción chavista, incluso, ir pensando de cómo incorporar a estos en un sentido reconciliador en ésta gran cruzada de recuperar la paz y enterrar el odio entre los mismos venezolanos. Obviamente la libertad inmediata de todos los presos políticos y de conciencia tendría que producirse.

Luego tenemos al que piensa en negativo. Aquí no va a pasar nada sustancial como cambio estructural de una dinámica “revolucionaria” casada con la improvisación y el sometimiento de la institucionalidad a todos los caprichos y arbitrariedades del régimen y la oligarquía socialista en el poder. El país “cambiará para no cambiar nada”, ya sea que ganen los opositores por la mínima o el régimen cometa un fraude que viene anunciando sin disimulo. El escenario configuraría el ahondamiento de la crisis y la profundización de la violencia en todos los ámbitos de la vida nacional. Esto último nos llevaría a una especie de Tercera Vía.

La Tercera vía nadie tampoco la puede predecir. El tema de fondo aquí es que los que participamos del evento electoral creemos en las reglas fundamentales de la democracia, en cambio los que hoy detentan el poder las desprecian. Esta dicotomía hace insalvable esa crucial diferencia porque la transición pactada quedaría abortada por los extremistas gubernamentales incapaces de abandonar por las buenas el proyecto revolucionario que dicen encarnar, que de paso, la Constitución vigente nunca les avaló. Como no hay árbitro institucional creíble y ni siquiera se permite una observación internacional de validez durante los comicios del 6D éste escenario produciría un gobierno de facto ya sin disimulos de ningún tipo y con ello el vital pronunciamiento del estamento militar ya sea como guardia pretoriana o como salvadores de la patria.

ANGEL RAFAEL LOMBARDI BOSCAN

DIRECTOR DEL CENTRO DE ESTUDIOS HISTORICOS DE LUZ

@LOMBARDIBOSCAN

TRAGEDIA EN LUZ

noviembre 8, 2015

TRAGEDIA EN LUZ

 

 

LUZ está de luto. El lamentable fallecimiento de un joven de 22 años en manos de una violencia a contra natura a lo que debería representar una Universidad es otra evidencia de nuestra decadencia. ¿Por qué sucede un hecho de sangre en una Facultad como Humanidades cuya esencia es reverenciar la vida a través de los más excelsos valores humanos? ¿Cómo es que tenemos “estudiantes” y “dirigentes”, porque así le hemos reconocido, que portan pistolas en vez de cuadernos y libros?

Mido bien mis palabras porque éste es un tema peligroso. La inmensa mayoría de los universitarios sabemos a quienes nos referimos. Sólo que somos cautivos de ellos. Claro que es una anomalía mantener la ficción de estudiantes con una permanencia en LUZ por más de 20 años, claro que es un absurdo e inmoral utilizar el campus universitarios para prácticas vinculadas a negocios ilícitos que son “Notitia criminis” y que apenas alguna Autoridad tanto interna como externa se da por enterado. La práctica del disimulo rige una cotidianidad basada en el miedo, y en algunos casos, hasta en complicidades inaceptables.

Lo obvio es aplicar nuestros reglamentos y expulsar a todos aquellos estudiantes que no vienen a estudiar quitándole un cupo a los millares que esperan con angustia ingresar a la educación superior en la búsqueda muy loable de un título profesional. ¿Por qué no lo hacemos desde nuestras Secretarías Docentes, Consejos de Escuela, Consejos de Facultad y Consejo Universitario? Por un lado, porque no estamos tratando con estudiantes comunes, sino de otra especie que mutó hacia algo que pudiéramos calificar de “estudiantes profesionales” indiferentes a un plan de estudio y sí muy aplicados a otras “ciencias ocultas” convirtiéndolos en unos intocables. Y por otro lado, el tema en sí, ya escapa a lo estrictamente académico para convertirse en otro más cercano a lo policial. ¿Qué las Autoridades hoy apenas son capaces de ejercer su mandato? Pues sí, esto es triste reconocerlo.

El país mismo y toda su anarquía actual es el otro factor que confluye para alimentar la violencia universitaria. Una “dirigencia estudiantil profesional” variopinta que no sabe lo que es formar parte de un cuadro de honor académico, que ignora el trabajo perseverante del estudio en una biblioteca, que es incapaz de organizar congresos y jornadas científicas y que termina más interesado en “participar” en los lucrativos ámbitos como el pasaje estudiantil, los comedores y la contratación de la vigilancia nos dan la seña de una anti-dirigencia estudiantil. Luego, la política es utilizada no como servicio sino para apuntalar proyectos personales y vulnerar la frágil institucionalidad establecida para medrar sobre ella.

Hoy, LUZ al igual que la Universidad pública venezolana está viviendo su propio linchamiento. Los medios oficialistas se ensañan sobre ella y utilizarán cualquier trastorno para descalificarla. Los universitarios indignados y victimas sólo queremos recuperarla y volverla a poner al servicio de la ciencia, la cultura, la educación, el arte, la paz y la vida.

ANGEL RAFAEL LOMBARDI BOSCAN

DIRECTOR DEL CENTRO DE ESTUDIOS HISTORICOS DE LUZ

EL HIJO DE LA PANADERA

noviembre 8, 2015

EL HIJO DE LA PANADERA

 

Inés Quintero escribió “El Hijo de la Panadera” (Alfa, 2014), “su biografía” sobre Francisco de Miranda. No tengo nada que reprocharle, al contrario, agradecerle porque sus cualidades como historiadora competente, una vez más, salieron a relucir y esto nos permitió deleitarnos con su lectura, además de aprender acerca de tan fascinante como controvertido personaje.

Noto que en “El Hijo de la Panadera” hay varios libros de Miranda a la vez, una reescritura cuya armonía no es idéntica en el todo. Al comienzo la autora se rinde a los encantos de la figura trágica de Miranda a través de la afrenta que sufrió el padre, luego queda aún más admirada por ese afán de ver mundo y hacerse de la nada de una figuración relevante tocado por la gracia de una personalidad curiosa y encantadora. Su paso por las grandes revoluciones de la época la dejan atónita, ¿y a quién no? Más luego, se atreve a documentar hechos controversiales en la vida de Miranda que la mayoría de los biógrafos omiten, aunque se abstiene de algún juicio negativo que pudiese menguar “su grandeza” de gran artífice de la Independencia hispanoamericana. Inés Quintero se enamoró de Miranda platónicamente hablando. Al final queda conmovida de su desgracia y extremo sacrificio por una causa perdida en la cual creyó como un poseso. No sé si mi apreciación es justa o correcta, sólo sé que esas fueron las impresiones que tuve.

Trataré de hacer de “Abogado del Diablo” aprovechando el atrevimiento de Inés Quintero en revisitar a Miranda en un momento de bolivarianismo en declive para fortuna de sus angustiadas víctimas. De antemano diré que luego de avocarme al estudio de nuestra Independencia y su espiral destructora no siento ninguna simpatía por los militares que hicieron posible esa gesta. No creo en la guerra como entramado civilizatorio, por el contrario, representa un absurdo y su negación.

Miranda fue un hombre tocado por el peor de los pecados bíblicos: la vanidad (“Orgullo de la persona que tiene en un alto concepto sus propios méritos y un afán excesivo de ser admirado y considerado por ellos”). Autosuficiente, incapaz de practicar la auto-critica y extremadamente pretencioso. No caía bien entre sus interlocutores a menos que estos tuviesen una autoconfianza superior. Otro rasgo de su personalidad fue el dogmatismo, su falta de flexibilidad, que algunos pueden tildar esto como un déficit de inteligencia (Gerhard Masur: “Miranda fracasó porque sus ambiciones personales superaban a su capacidad”).

No conocemos ningún escrito de Miranda auténticamente de alto vuelo, algo equivalente a una “Carta de Jamaica” (1815), por ejemplo, que le equipare a un “filosofo de la libertad” de cierta alcurnia. Por el contrario, su escritura es “normal” y su pensamiento liberal nunca se manifestó como profundo conceptualmente hablando. Si lo evaluamos por sus costumbres mundanas en la vida civil su comportamiento fue la de un burgués libre pensador, un vistoso dandy. Hombre de acción, eso sí, aventurero empedernido y hasta un tanto irresponsable y terco porque la derrota fue su hábitat natural, alguien por ahí lo tildó de ser un “pomposo derrotado”. Su debilidad fueron los saraos y bochinches, cualquier llamarada revolucionaria de su época en la extensa geografía de la fachada atlántica era una invitación a su espíritu inquieto. Como Don Quijote su partido fue el de las causas perdidas, y en algunos casos, hasta nobles. En esto último, junto a su tenacidad irracional en pro de la Independencia de una patria continental utópica es lo que más me simpatiza y rescato de Miranda. Con todo, aún adolezco de la capacidad para elaborar un juicio equilibrado sobre la vida de Miranda. Mariano Picón Salas e Inés Quintero son estadios de pensamiento concatenados que ahora me invitan a transitar por otra obra fundamental y clásica sobre Miranda: la del escocés William Spence Robertson (1872-1955).

Quizás nunca sabremos reconocer al verdadero Miranda, sólo la variopinta opinión de sus más ilustres biógrafos, los cuales unos le admiran y otros le detestan. Su Colombeia es la única posibilidad que tenemos de rastrearlo y de reconfigurar sus hábitos, destrezas y falencias. Aunque hay que señalar que Miranda nunca escribió un “Diario” para ser mantenido en íntimo secreto, lo que tenemos es un ampuloso y desmedido tratado de propaganda personal (63 tomos) para ser leído y admirado en la posteridad. ¿Auténtico? ¿Atado por los convencionalismos de su época? ¿Inmadurez? ¿Revolucionario sin patria?, ¿Agente o Espía al Servicio del Imperio inglés? Figura poliédrica, paradójica y trágica. Con todos los reparos que podamos hacerle a la parte humana que la mitología ha vedado no hay la menor duda que estamos en presencia de un grande y complejo hombre.

Muy pocos se han sumergido en la psique de Miranda y sus patinazos de carácter porque se trata de una deidad: el precursor de la independencia hispanoamericana, y algo que no es poca cosa, uno de los artífices de la Revolución Francesa en 1789, y si alguien duda de ello sólo tiene que visitar París e hinchar el pecho de orgullo cuando se visualiza el nombre de Miranda en el Arco de Triunfo en los Campos Elíseos.

Para Inés Quintero, la galantería de Miranda es normal en un hombre soltero y apuesto. Uno se sorprende y hasta envidia tiene de las colecciones de mujeres y amantes que tuvo. El “Miranda Intimo” es un discípulo de Don Juan, conquistador irresponsable de núbiles y casadas. ¿Sabía corresponder Miranda a un compromiso amoroso de alto calado? ¿Sabía respetar Miranda las convenciones matrimoniales de la época? En lo absoluto.

¿Cómo hizo Miranda para ser un trotamundos y llevar una vida dispendiosa sin que se lo conociese un empleo estable? A mí me sorprende en Miranda su capacidad para entrar en contacto con Catalina, la zarina de Rusia, y los pro-hombres de la Independencia de los Estados Unidos y la Revolución Francesa en París siendo apenas un desconocido. Por timidez no le encontramos flaquezas. Aunque creo que su secreto estuvo en que terminó siendo una especie de súbdito inglés, un espía al servicio de Inglaterra para socavar el dominio español en América. Inés Quintero incluso nos revela la cantidad de dinero mensual que recibió de la Corona Británica por un largo lapso de veinte años o más. Decir esto es herético. Incluso, la cesión de la Isla de Margarita, formaba parte de la estrategia de Miranda para ganar el apoyo político inglés en la proyectada invasión de la América española. Miranda al igual que Bolívar, tamaña contradicción, estimaron que el imperialismo inglés era superior al imperialismo hispánico.

Inglaterra nunca respaldó a Miranda porque lo percibió como un solitario filibustero dueño de una fantasía revolucionaria sin apenas basamento real. La famosa Acta de París (1797) es sólo un ardid para cazar incautos. Cuando Miranda invade Venezuela (1806) en una expedición suicida, orquestada ésta desde los Estados Unidos, todo su aislamiento se hace palpable. Miranda se auto engañó respecto a sus aliados ingleses y venezolanos.  Mondolfi Gudat, Edgardo, experto en el tema mirandino y estudioso de los testimonios de los mercenarios extranjeros que le acompañaron en tan arriesgada empresa “bajo engaño”, son unánimes en reprobar el liderazgo de Miranda tildándolo de autoritario e incompetente.

Donde el libro de Inés Quintero se hace grande de acuerdo a nuestro parecer es cuando indaga en el momento estelar de la vida de Miranda, el de su triunfo histórico, y a la vez ocaso, como artífice de la Independencia (5 de julio de 1811) y Dictador de la Primera Republica (1812). En ese momento la autora habla del cierre de una parábola alrededor de una historia de resentimientos, rencores, odios, rechazos y venganzas que se inició con la afrenta al padre (1769) y su entrega a Monteverde por parte de Simón Bolívar (1812) (una felonía de éste sin darle muchas vueltas al deplorable asunto, tal como acotó asertivamente Elías Pino Iturrieta). Miranda no sólo vino en 1810 a independizar a Venezuela sino también a cobrarse una vieja afrenta. Su linaje cuestionado ahora estaba revestido de un prestigio de clase mundial que el sector mantuano se resistió en reconocer.

El triste final de un Miranda incapacitado para reaccionar con furor ante el realista Monteverde y sus huestes tiene que ver con su derrumbe moral y emocional ante el cerco de sus “amigos” criollos. Esos mismos amigos devenidos en enanos al entrar en la escena caribeña el “viejo” titán de 60 años. Los chismes y la inquina contra Miranda no dejaron de maltratarlo ni un solo momento, hasta una infamante bofetada tuvo que sufrir, y no es una metáfora porque Inés Quintero recoge el incidente en la página 159. El orgulloso Miranda pensó en una aclamación imaginaria que los criollos desmintieron de inmediato. Hasta Juan Germán Roscio, miembro de la Junta Suprema, no disimuló nunca su rechazo y antipatía personal.

En fin, Miranda fue percibido como un enemigo irreconciliable de la nobleza caraqueña y como tal fue combatido. Y esto sí es una ironía porque el posterior desarrollo de la historiografía nacionalista soslayó éste hecho. Al igual que el Bolívar aristocrático santificado y reconvertido en héroe popular hacía falta su equivalente en el período de la pre-independencia (1749-1808) y ese vacío mitológico fue llenado por Miranda.

 

Según Heidegger, pensar es agradecer. “Gendake viene de gedane (gracias, recuerdo, memoria)”. Y ésta propuesta intelectual de Inés Quintero no sólo viene a enriquecer el alicaído mundo cultural venezolano alrededor de la historiografía sino a volver sobre los tan necesarios debates acerca de los grandes prohombres de nuestra recargada memoria de la Independencia nacional en unos términos de ejercicio profesional solvente, indistintamente si sus apreciaciones concuerdan o no con nuestras opiniones. Yo le estoy agradecido.

ANGEL RAFAEL LOMBARDI BOSCAN

@lombardiboscan

DEPORTE Y REVOLUCION

octubre 29, 2015

DEPORTE Y REVOLUCION

 

Todavía hay gente que sigue creyendo que de verdad estamos en una “revolución” y que está germinando el “hombre nuevo venezolano”. Una caricatura reciente de Weil decía esto: “ya no somos de izquierda sino de cero a la izquierda”, esto como un dialogo entre dos camaradas desilusionados del proceso.

De “izquierda” son Pompeyo y Teodoro, demócratas convencidos y ejemplos modélicos a seguir como ciudadanos y políticos progresistas. Un hombre de izquierda procura la igualdad social, es decir la justicia y la oportunidad de conquistarla. En cambio los que se sitúan en la derecha política son hombres del sistema, defensores del status quo y los privilegios. No confundamos la jerga con las prácticas públicas y privadas de quienes hoy detentan el Poder. Evidente contradicción en todos los ámbitos de referencia en la diezmada Venezuela de hoy. Aunque detengámonos en el deporte, un ámbito con millones de adeptos.

De antemano hay que señalar, que la política deportiva en los tiempos de la “revolución” más allá de los slogans como aquel de la “Generación de Oro”, no es más que propaganda y adolorido fracaso. El deporte ni se ha masificado ni se ha vuelto más exitoso en logros internacionales. Los venezolanos en las Grandes Ligas triunfan porque son captados desde muy temprano por los busca talentos estadounidenses y terminan de pulir sus destrezas por allá en una aventura sin retorno. Garbiñe Muguruza, tenista en alza, sólo le debe a los cerebros de la política deportiva nacional, el hecho fortuito de que uno de sus progenitores y ella misma hayan nacido en Venezuela. Ante el dilema de jugar por España o Venezuela, no se lo pensó dos veces. La Vinotinto no da pie con bola, está empavada desde que nos hicieron creer que podríamos ir a un Mundial con jugadores que militan en clubes de clasificación mundial de segunda o tercera.

En los deportes que la “revolución” ha triunfado o apoyado como la Formula 1 con Pastor Maldonado es más fácil saber cuando éste va a chocar que cuando es capaz de concluir una carrera. Otro “deporte revolucionario” es el hipismo en donde los bolichicos con acceso indiscriminado a los dólares preferenciales se han hecho de purasangres de hasta 2 millones de los verdes tal como sucedió recientemente en Saratoga, Nueva York. Como un recordatorio agradecido, aunque irónico, de su muy progresista inversión, uno de estos boliburgueses, radicado en el Imperio para más señas, le puso a uno de sus purasangres el nombre de: SOCIAL INCLUSION.

La esgrima, otro deporte de la elite contrario al espíritu revolucionario, fue oro con Rubén Limardo en Londres 2012, luego de 44 años de espera. El éxito hay que atribuírselo a Limardo y sus entrenamientos en el extranjero, muy especialmente, en Polonia, donde estuvo viviendo.

Lo último, nos toca a los marabinos de forma directa. En el único espacio de esparcimiento público de valía, en los terrenos de la llamada Vereda del Lago II, se tiene planificado construir “un medio campo de golf”. Tamaña contradicción, no sólo porque se trata de un deporte elitesco, sino porque le quita un vital espacio a la ciudadanía y además es una bofetada en la cara a las comunidades sedientas de agua.

Dr. ANGEL RAFAEL LOMBARDI BOSCAN

DIRECTOR DEL CENTRO DE ESTUDIOS HISTORICO DE LUZ

BOLIVAR VISTO POR SUS CONTEMPORANEOS

octubre 29, 2015

BOLIVAR VISTO POR SUS CONTEMPORANEOS

 

 

Simón Bolívar (1783-1830), el Padre de la Patria, nuestro icono nacional, tuvo una vida intensa y agitada caracterizada por las contradicciones de sus actos que la mayoría de los venezolanos desconocen. El Bolívar de la historia es muy diferente al Bolívar de las estatuas que el culto bolivariano ha contribuido a deformar. Bolívar gana en grandeza humana cuando somos capaces de conocer y contrastar tanto sus triunfos como fracasos, así como las virtudes y debilidades en su carácter.

Existe una obra casi desconocida: Bolívar visto por sus Contemporáneos del ya fallecido profesor argentino José Luis Busaniche (1892-1959) (Tierra Firme/Fondo de Cultura Económica, 1981). Que tiene la virtud de retratar las muchas fotografías en forma de testimonios escritos que le hicieron a Bolívar quienes le conocieron en vida.

En la selección que Busaniche ofrece destaca la presencia de nombres y autores extranjeros, desconocidos para la mayoría, de procedencia británica, francesa y estadounidense como son los casos de: Jules Mancini, General Ducoudray-Holstein, Coronel Hippisley, G. Guenin, J. Nouaillac, Coronel J.P. Hamilton, George Laval Chesterton, Samuel Haigh, Gabriel Lafond, Robert Proctor, James Thomson, Francisco Burdett O¨Connor, Guillermo Miller, Alfonso Moyer, Capitán Malling, José Andrews, Cónsul Ricketts, Buchet-Martigny, Contraalmirante Rosamel, Francois Desiré Roulin, Lallement M., el médico A. P. Reverend entre otros, lo cuál evidencia la importante presencia de oficiales, comerciantes, diplomáticos y soldados extranjeros al lado de las fuerzas republicanas durante la Guerra de la Independencia (1810-1824).

Cobra sentido el reclamo de la oficialidad española en Tierra Firme, y de manera concreta, los desesperados informes del General Don Pablo Morillo a la Monarquía durante los últimos años de la guerra, donde denunció el abandono a que estuvo sometido su ejército, y señalaba el contraste con el de su rival, apoyado desde el extranjero.

Llama la atención que en esos tan dispares testimonios, unos favorables y otros contrarios al Libertador, la mayoría destaque como su principal rasgo en el carácter: la constancia y la desmedida auto/confianza en sus posibilidades. Los españoles llegaron a señalar que Bolívar era más peligroso derrotado que vencedor.

Luego del triunfo de Ayacucho en 1824, Bolívar fue considerado en vida el otro Washington del continente americano, pero ese logro supremo no le bastó para impedir la anarquía y la desunión entre los hombres de los territorios recién liberados. En el año 1828, Bolívar es un hombre derrotado, acusado de ser un pérfido tirano devastador rechazado por sus ideas constitucionales que le acercaban a la monarquía parlamentaria. Desesperado, escribe misivas a diplomáticos estadounidenses, franceses y británicos solicitándoles ayuda para acabar con el caos político de los colombianos.

Perdió la confianza en los suyos y sintió el abandono y la traición, la cuál se consumó con el atentado de septiembre del año 28 en Bogotá y la indiferencia y el rechazo de Páez y los venezolanos en acogerlo. Su correspondencia privada en los últimos años de su existencia lo presentan bajo la estela del desconsuelo y la amargura; rumiando entre sus más allegados una incomoda conciencia y sentimiento de fracaso.

DR ANGEL RAFAEL LOMBARDI BOSCAN

@LOMBARDIBOSCAN

DIRECTOR DEL CENTRO DE ESTUDIOS HISTORICOS DE LUZ

LA UNIVERSIDAD DEL FUTURO

octubre 12, 2015

LA UNIVERSIDAD DEL FUTURO

 

“La casa que vence a las sombras” hoy vive dentro de una gigantesca catacumba. Las razones que explican éste caos son muchas y complejas. No hay duda que la crisis nacional condiciona el aire vivificante de los universitarios, y que el régimen se ha decantado por una política contraria a las universidades libres y autónomas. La relación Universidad-Estado está rota y es conflictiva. La intervención gubernamental sobre los fueros universitarios es real y grosera allanando sus prerrogativas de auto-gobierno y cuestionando su razón de ser, a ello hay que agregarle el amotinamiento de los gremios alentando prácticas caníbales y corsarias de dudoso espíritu universitario.

Por otro lado, internamente, los universitarios tampoco hemos sabido sobrevivir a tantas amenazas recurriendo a nuestros talentos, por el contrario, se nos ha instalado el síndrome de la desidia y la explotación indebida de la Universidad para otros fines ajenos a su meta académica. Hoy para muchos la Universidad es una plácida zona de confort: horarios ridículamente simbólicos que nadie procura una supervisión mínima sobre ellos invitando al incumplimiento laboral, procesos académicos sin la más mínima continuidad y bajo una planificación seria, crecimiento de una burocracia parasitaria que termina comiéndose el presupuesto universitario por el pago de los salarios y otros beneficios sociales. Agréguele a esto una sempiterna incapacidad para el ahorro y el gasto frugal junto al crecimiento del delito puertas adentro, pues nos encontramos con una Universidad a media máquina, y herida.

Este dato por sí sólo dibuja la crisis universitaria actual: 17 libros fueron los que pudo publicar la Universidad del Zulia en el año 2014. Y de acuerdo al CONDES, máximo representante de la investigación, hoy sólo se publican 300 artículos científicos en comparación con los 1000 de hace 15 años atrás. Las deserciones escolares de estudiantes junto a las de los docentes mal remunerados tampoco contribuyen al ejercicio virtuoso y pleno de nuestras atribuciones académicas.

¿Qué hacer? Las agujas del reloj de la historia, caprichosas de por sí, no sabemos lo que nos puedan deparar. Si la crisis nacional empieza a recomponerse la alicaída dinámica interna de las universidades tendrá la oportunidad de rehacerse, aunque para ello hay que renovar el liderazgo democrático de las casas de estudio superiores y depurar tantos vicios que hoy se nos han instalado.

Dos ideas considero esenciales para acometer de inmediato. La primera es la restitución de la meta académica por encima de cualquier otra consideración y para ello hay que atacar el clientelismo interno y destrancar los procesos reivindicando el estricto cumplimiento de nuestras normas, reglamentos y leyes, nada de subterfugios o la tan manida “excepción a la norma”. Y segundo, recuperar el clima de comunidad universitaria hoy fracturado por una especie de guerra civil contra las jerarquías y los roles estrictamente académicos. Para ambos casos, y los otros muchos problemas que nos aquejan, es fundamental tratarlos desde una visión institucional alrededor del dialogo, la negociación y el acuerdo. Sumando a la inmensa mayoría de los universitarios de bien.

DR. ANGEL RAFAEL LOMBARDI BOSCAN

DIRECTOR DEL CENTRO DE ESTUDIOS HISTORICOS DE LUZ